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Yo. Mi legítimo otro

Nos enseñaron de pequeños a repetir: Ama a tu prójimo como a ti mismo.
En nuestra memoria guardamos Ama a tu prójimo más que a ti mismo...
Ama a tu prójimo antes que a ti mismo.
Así seriamos considerados buenas personas.
Así ganaríamos la aprobación de los   demás, así garantizaríamos un sitio en el cielo.
Si tenemos en cuenta lo literal de este concepto: Ama a tu prójimo COMO a ti mismo, deberíamos amarnos mucho para poder disponer de amor para dar a los demás.
Nos resulta posible ver lo sagrado, lo divino afuera nuestro.
En una imagen que representa símbolos religiosos, cualquiera que sea nuestra creencia.
Encontrar la sensación de conexión con lo sagrado en un templo o cuando nos conmovemos mirando la inmensidad el mar o un cielo estrellado.
Es menos frecuente que lo hallemos escuchando el latido de nuestro corazón o percibiendo el pulso de nuestra sangre al fluir.
Lo sagrado, lo divino, está allá afuera, lejos nuestro.
Como si no formáramos parte del todo.
Soy un ser humano .Tu eres un ser humano, como yo. Un legitimo otro.
Yo puedo dar en la medida en que tengo. Lo que no tengo no lo puedo dar.
Si me resulta difícil amarme; ¿Es posible que pueda amar a otro?
¿Como podría dar algo que no dispongo?.
¿Como puedo considerar sagrado a mi prójimo, si no me considero sagrado a mi mismo?
¿Como puedo cuidar de la vida de otro, si no puedo cuidar de la mía?
Cuando hablamos de respeto por la vida, por la ecología, por los recursos naturales, damos por sentado que son los de los demás.. ¿Y los míos?
Cuando decimos ser puntuales porque respetamos el tiempo del otro.
¿Sabemos respetar el nuestro?
Invito a reflexionar acerca de quien es el otro. ¿Quien soy yo delante de un otro?
¿Quien soy yo delante de mí?
¿En qué lugar entre mis prioridades se encuentran mis necesidades?
¿Cuando como y adonde me encuentro a mi mismo?
Invito a reflexionar acerca de este legitimo otro, que soy yo mismo.
Nora Lainz 8/07/07


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